Una mirada cuántica al sistema político

Patriarcado y Patrístico: energía fermiónica. Poder y potencia

Entendemos por patriarcado una configuración social regida por la primacía de la palabra y la imagen del Padre. En este caso, menta a la tradición abrahámica, a la tradición helena marcada por las figuras de Zeus y Apolo y a la tradición del Lacio, expresada en el Derecho romano. Rizoma éste, que va a configurar la así llamada civilización occidental. Una de nuestras raíces [1].

Desde el punto de vista cuántico, la sociedad procesa y prioriza las energías fermiónicas de la expansión, crecimiento, conquista, desarrollo, fragmentación, individuación: las energías fuertes que, neurológicamente, coinciden con los atributos del lóbulo cerebral izquierdo y, culturalmente, con la apropiación, la caza, la guerra, la negación del otro, la autoridad, las jerarquías, la dominación, obediencia: las características del patriarcado.

Ahora bien, la humanidad pareciera que funciona como un macro cerebro planetario: como un gran Pensamiento, en una holoarquía que va desde el nivel subatómico: onda / corpúsculo, hasta el nivel de la pareja: varón / mujer: la entidad básica de lo politicum y que, en el caso del patriarcado, se decanta por el individuo masculino, como unidad y modelo del sistema político, reprimiendo a la mujer y la noción de Paridad[2]. La única excepción que conozco es la debida a Johannes Althusius, el padre del federalismo europeo: “La primera sociedad está en la pareja; la siguiente, en los hijos; ambos son la justificación del hogar y la familia (…) De esa sucesión, de esa línea, procede toda la cosa pública”[3]

Con el concepto de Patriarcado nos referimos al momento de actualización de la función Corpúsculo, es decir, cuando se expresa como Poder de dominación a través de instituciones; por tanto, como ser, como algo estático: como Estado, justamente; en cuanto orden. Con el concepto de Patrístico nos referimos a este mismo complejo conceptual, pero en su momento de virtualidad, de Potencia, como tendencias, movimientos, pulsiones caóticas, como devenir. En el concepto de Patrístico queremos connotar una interacción, revuelta, de las energías masculinas y femeninas.

Siguiendo a Maturana [4] definiremos la cultura patriarcal como una red cerrada de conversaciones caracterizada por las coordinaciones de acciones y emociones que hacen de nuestra vida cotidiana un modo de co-existencia que valora la guerra, la competencia, la lucha, las jerarquías, la autoridad, el poder, la procreación, el crecimiento, la apropiación de los recursos y la justificación racional del control y de la dominación de los otros a través de la apropiación de la verdad.

La metáfora predilecta del patriarcado es la de la lucha: así, por luchar, luchamos contra el cambio climático, contra la pobreza, contra el analfabetismo, contra los imperios del mal… como si todo requiriese de la fuerza o cada ocasión fuese un desafío. No aceptamos los desacuerdos como posibilidades de complementariedad; toleramos al diferente en la confianza de que algún día, con nuestra ayuda, se desarrollará hasta parecerse a nosotros. Se vive de la apropiación de lo ajeno como si fuese legítimo restringir el acceso de los otros a ciertos dominios que, antes de nuestra apropiación, eran de libre acceso: como las islas multiétnicas prehispánicas. Es más, se toma posesión, justificando la apropiación mediante argumentos fundados en principios y verdades que, asimismo, nos los hemos inventado. Como se vive en la desconfianza, se busca la certidumbre en el control de la naturaleza: tecnología, de los otros seres humanos: colonialismo, y de nosotros mismos: ascesis. En el patriarcado se vive en la jerarquía que exige obediencia, afirmando que una coexistencia ordenada requiere de autoridad y subordinación, de superioridad e inferioridad, de poder y debilidad. Así se justifica la competencia, que es un encuentro en la mutua negación, con el argumento que ello produciría el progreso, al permitir que el mejor prospere y de sus migajas viva el resto: trickle-down economics. El patriarcado trata los desacuerdos como disputas, los argumentos como armas, describe una relación armoniosa como pacífica [5], es decir, como la ausencia de guerra; como si la guerra fuese la actividad propiamente humana.

Nos habremos percatado, perspicaz lector, que esta es una descripción literal del monoteísmo: hijo predilecto del patriarcado, así como del capitalismo: su tecnología operativa.

Matriarcado y matrístico: energía bosónica. Poder y potencia

Entendemos por matriarcado una configuración social regida por la primacía de la caricia y la ch´uyma de la Madre. En este caso, menta a las tradiciones animistas no occidentales y, en especial, a las amerindias. Desde el punto de vista cuántico, las comunidades procesan y prioriza las energías bosónicas de la conjunción, la maduración, las alianzas, las redes, la complementariedad de opuestos: las energías amables que, neurológicamente, coinciden con los atributos del lóbulo cerebral derecho y, culturalmente, con la colaboración, la participación, la afirmación del otro, el compartir, el dar-recibir-devolver, el ponerse en el lugar del otro, la solidaridad: las características del matriarcado [6].

Con el concepto de Matriarcado, pues, nos referimos al momento de actualización de la función Onda, es decir, cuando se expresa como energía difusiva que liga y teje la red cosmobiológica en la que nace, crece, florece, madura, muere y renace la vida humana. Con el concepto de Matrístico nos referimos a este mismo complejo nocional, pero en su momento de virtualidad, de Devenir, como tendencias, movimientos, pulsiones creativas. En el concepto de Matrístico queremos connotar una interacción, revuelta, de las energías masculinas y femeninas.

Continuando con Maturana definiremos la cultura matrística como una red de conversaciones, empero, completamente diferente a la patriarcal. Maturana se basa en los trabajos arqueológicos de Marija Gimbutas, procesados por Riane Eisler [7]. Así, su acercamiento es material. La gente que vivía en Europa, entre siete mil y cinco mil años antes de Cristo, eran agricultores y recolectores. La arqueología muestra que no fortificaban sus aldeas, ni había diferencias jerárquicas en las tumbas encontradas. También se observa que no usaban armas, ni como adorno funerario. Lo que se puede suponer eran lugares ceremoniales están llenos de estatuillas femeninas, diosas de la fertilidad; de lo cual también se puede deducir que esas actividades cultuales estaban centradas en lo sagrado de la vida cotidiana, en el continuo de la naturaleza a través de la muerte y el nacimiento, objetivados bajo la forma de diosas biológicas en la forma de mujeres o de una combinación de mujer y varón o de mujer y animal.

¿Cómo vivían esos pueblos? se pregunta Maturana y conjetura lo siguiente: los campos de cultivo y recolección no estaban divididos; nada muestra que se pudiese hablar de apropiación violenta; por tanto, no han debido vivir en la competencia. Cada casa tenía un pequeño lugar ceremonial, además del de la comunidad. Mujeres y varones se vestían de una manera muy similar a los vestidos que podemos ver, ahora, en las pinturas murales minoicas de Creta. Todo indica que vivían en un dinamismo armónico con la naturaleza, evocado bajo la forma de diosas madres y, por tanto, sus hijos: los seres humanos, eran todos iguales y nadie estaba excluido del bienestar común. Por eso, probablemente, el deseo de dominación recíproca no debe haber hecho masa crítica y que esa convivencia debe haber estado centrada en una estética sensual de las tareas diarias como actividades sagradas, con mucho tiempo para contemplar y vivir sin urgencias. El respeto mutuo debe haber sido su modo cotidiano de convivencia. Lo cual no ha debido obstar para que hubiesen desarrollado operaciones de control o concesiones de poder a través de la auto negación de la obediencia. En todo caso, en ausencia de la primacía de un padre, la vida no ha debido estar centrada en la justificación racional de las acciones que implica la apropiación de la verdad. Todo era visible e interactivo. No hacían falta mediaciones.

A partir de esta manera de vivir, que sugiere la arqueología, Maturana infiere que la red de conversaciones que definía a la cultura matrística no puede haber consistido en conversaciones de guerra, lucha, negación mutua en la competencia, ni exclusión y apropiación, ni autoridad y obediencia, ni poder, control, bueno y malo, tolerancia e intolerancia y justificación racional de la agresión y el abuso. Al contrario, las conversaciones de dicha red tienen que haber sido conversaciones de participación, complementariedad, colaboración, comprensión, acuerdo, respeto y co-inspiración.

Resumiendo, el pensamiento patriarcal es lineal y tiene lugar en un trasfondo de apropiación de lo ajeno y control de los demás y busca siempre la obtención de algún resultado particular, porque no tiene en cuenta las interacciones de la vida. Por eso, según Maturana, es irresponsable desde un punto de vista sistémico. El pensamiento matrístico, por el contrario, tiene lugar en un trasfondo de conciencia de la interconectividad de la gran trama de la vida y, por tanto, no puede sino vivirse continuamente en el entendimiento implícito de que todas las acciones humanas tienen siempre consecuencias en la totalidad de la existencia: es un pensamiento responsable sistémicamente.

 

Fratriarcado y fratrístico: tercero incluido. Poder y potencia

No soy el primero que se sale por peteneras; por una tercera posibilidad. En realidad es algo muy lógico pero, he aquí, que esta posibilidad, que pone en la boca el modo de funcionamiento de nuestro cerebro, ha sido distorsionada por la ortodoxia monoteísta y desleída por la manía de literalidad. Voy a explicitar mis supuestos.

Me dio que pensar la filosofía de la historia de Joaquín de Fiore, 1135-1202, que postula que la historia de la humanidad pasa por tres fases: la edad del Padre, la edad del Hijo y la edad del Espíritu Santo, siguiendo la lectura patriarcal cristiana de la Trinidad. Más allá de su Sitz im Lebem me intrigó la forma mentis que entraña. Pronto me percaté que a otros, que yo admiraba sobremanera, les había impactado en ese mismo sentido: Dante, Buenaventura, Arnaldo de Vilanova, las Beguinas, los Fraticelli, los Alumbrados sefardíes de España y América, los Hermanos del Libre Espíritu, Thomas Müntzer, Campanella, Vico, Nicolás de Cusa, Lessing, Saint-Simon, Marx, Engels, Owen, Bakunin, Comte, los jóvenes hegelianos, los socialistas utópicos y, últimamente, hasta a Barak Obama que, en su campaña electoral, lo nombra y alude varias veces [8]. No puede ser una mala Denkform [9].

Mi raya al tigre sería la siguiente, ya previsible a estas alturas de mi escritura: la secuencia lógica: e / no-e / T (Lupasco) sería la siguiente: e: la edad de la Madre: la de las diosas madres pre indoeuropeas y la gilania de las sociedades animistas actuales; no-e: la edad del Padre que le sigue y sufrimos sus últimos espasmos en la crisis ecológica: “Dominad la tierra”, crisis financiera: el capitalismo financiero su alter ego concreto, y la crisis social: la pobreza y exclusión de la mayoría de la humanidad actual. Ahora viene T: el Tercero Incluido de Matriarcado y Patriarcado que es lo que llamo el Fratriarcado. Ahora bien, la filosofía de la historia, hasta aquí, ha pendulado de un extremo a otro, siguiendo el Principio lógico de No contradicción. Ahora propongo un Tercero Incluido que significa lo siguiente [10].

Conocemos y nos imaginamos las bondades de la edad de la Madre anterior a la llegada de los indoeuropeos y que late en las culturas animistas de las sociedades no occidentales actuales. En los Andes tenemos experiencia personal de ello. Conocemos demasiado bien la edad del Padre, desde el comienzo del patriarcado, cuya quintaesencia es el monoteísmo y que dura hasta ahora mismo transmutado en el capitalismo; sus operadores ya no son los teólogos y los filósofos sino los economistas; quien sabe si no están dando la última batalla a propósito de la crisis del Euro y Grecia sea el comienzo y el fin de nuestra civilización patriarcal [11]. Como la égira de Abraham, que sale de Ur en Caldea, se cierra con la invasión guerrera del Irak actual. La vida parece que ama la recursividad: se cierra en bucle: círculo: ciclo. Algo está terminando y algo también está comenzando. Propongo escapar del péndulo: ese sería mi aporte.

De esta polaridad, sería inteligente y sensato que construyamos una civilización fraterno-sororal, de iguales, bajo un paradigma andrógino, de afirmación cuántica de ambas energías. En ese sentido también sirve la propuesta de Riane Eisler de llamar a este nuevo mapa conceptual gilania. Gy deriva de la raíz griega gyné, gynaikós, que significa mujer. An deriva de andrós: varón. La letra l, entre ambas, tiene un doble significado. En griego deriva del verbo lyein o lyo que, a su vez, tiene un doble significado: solucionar (en el sentido de análisis) o disolver (en el sentido de catálisis) De este modo, la letra l representaría la relación varón-mujer: el chacha-warmi aymara quechua.

Mi matiz es doble; por un lado, poner el acento en la fraternidad-sororidad: la horizontalidad, como Tercero Incluido, para seguir jugando con el arquetipo trinitario, físico-biológicamente descifrado; por otro lado, en afirmar las dos energías (que, aunque, no queramos, ahí están) y no satanizar a ninguna, como se ha hecho hasta ahora (los que, por ejemplo, critican el concepto de matriarcado, por la arjé: siempre hay arje que, por cierto, se puede expresar, ora como dominación ora como vinculación), sino, siendo conscientes de ambas, dosificarlas, relativista y cuánticamente, según propósito y circunstancias.

En el siguiente capítulo expondré los ingredientes Onda y Corpúsculo, las energías fermiónicas y bosónicas, patriales y matriales, patriarcales y matriarcales, androcéntricas y ginocéntricas …: distinguir para relacionar; separar para complementar. Yo prefiero ir a las energías más elementales que conocemos por la mecánica cuántica y que procesa nuestro cerebro en sus dos lóbulos y, por eso, ambas energías las encontramos en todos los niveles de la vida y, en el caso de las sociedades humanas, también y, por ello, no precisamos recurrir a nociones de “difusión”, “préstamo”, “calco”, “plagio” [12]… de sabor siempre ingenuamente etnocéntrico, para explicar por qué los amerindios, por ejemplo, también piensan triadas. No las copiaron de los misioneros. Son formas mentales transculturales. En el funcionamiento del cerebro humano podemos barruntar como funciona el universo. Esta es mi clave hermenéutica.

Pienso que tenemos que aprender a distinguir cómo se expresan las energías fermiónica y bosónica, en las distintas esferas de la vida, para poder observar el mundo con nuevos ojos. Por ejemplo, al interior de nosotros mismos, nuestras energías masculinas y femeninas; al interior de la forma Estado, patriarcal, poder percibir cómo, por ejemplo, el cobro de impuestos, para financiar una redistribución ampliada, es energía bosónica reciprocitaria: es ayni y no capitalismo.

Para irnos ejercitando en esta mirada compleja, voy a ofrecer conceptos que surgieron en el momento en el que la civilización occidental, por obra de la filosofía, pasa del matriarcado al patriarcado [13]

Fermión: Patriarcado:Lóbulo izquierdo: e Bosón: Matriarcado:Lóbulo derecho: no-e
Zeus- Apolo Demeter – Dionisio
Nomos: ley estatal Moira- Destino natural
Nomen: nombre (cfr. Onóma) Verba-verbo (cfr. Rema)
Padre: patrón Madre- Matriz
Logos: natura naturata Physis: natura naturans
Ser: ton on, ens Devenir, génesis, werden
Forma: morphé Materia: hyle
Esencia y sustancia: ousía Existencia y accidentes
Acto: estado Potencia: dýnamis
Ab-soluto y supra-sensible Relación: pros ti, ad aliud
Razón: nous Sensibilidad: aisthesis
Visual: eidos Lo audio-tactil
Necesidad lógico-racional Necesidad natural: ananke
Ciudad: ius civile Familia: ius naturae: costumbre
Tiempo lineal Tiempo cíclico
Espacio de la representación Espacio-matriz: jora
Espíritu del mundo Alma del mundo
Individualismo Comunalismo
Lo celeste uránico Lo ctónico telúrico
Lo de-finido: peras Lo indefinido: apeiron
Sol Luna
Ganadería Agricultura
Nexus iuris Nexus sanguinis
Fin: telos Origen: arjé
Arriba y a la derecha Abajo y a la izquierda
Héroe Antihéroe
Verdad: alétheia Sentido: lethe
Olimpo acrópolis Knossos: Eleusis
Aire y Fuego Tierra y Agua
Día Noche

 

En cuanto a lo del Tercero incluido, tertium datur, Onda / Partícula, es más difícil visibilizarlo. Sirvan las siguientes insinuaciones [14].

 

Nicolás de Cusa: Dios como Coincidenctia oppositorum

El Sentido como rito de pasaje: lo liminar; liminalidad: van Gennep

Thot, Hermes, Mercurio, la Hoja de Coca: los relacionadores: los que vinculan

El Abraxas gnóstico: ver Demian de Hermann Hesse

Cristo como mediador y pontífice: puente.

La Chakana andina

Zaratustra y su emblema: la sierpe-águila

Wira-kocha: fuego-agua,

Sócrates y su Daimón interior dialógico

Cervantes entre Don Quijote y Sancho

Goethe, entre Mefistófeles y Fausto

Jung y la complexio oppositorum, la coniunctio

Dialéctica, diafórica, Dualectica, Verwindung, Homeorhesis: Piaget

Bohr: Contraria sunt complementa

Lenguaje como con-jugación o con-dición: Heidegger y Gadamer

Con-senso, mediación, co-implicación, co-implicidad: complicidad

Androginia: el Movimiento LGBT

La Piedra filosofal de la alquimia hermética

La Música: mixis

Hierogamos: matrimonio sagrado

El Jaqi: Tercero incluido de chacha y warmi

El ayllu. Tercero incluido de aran y urin

El Ayni: Tercero incluido de dar y devolver

Fratría, amor, mezcla: Empedocles

Mandala: cuadratura del círculo

Cruz, cruce: intersección: palca,

Límite: horos versus peras

Anima media natura: Ver-hältnis; Zwischen

Intersubjetividad, interpersonalidad,

El archipiélago como conjunto de islas unidas por lo que les separa

Ser como nexo: Amor Rubial, o Gozne: Eugenio Trías

 

 



[1] Véase mi Mirar con los dos ojos. La Paz: Garza Azul, 2010, 13-28.

[2] Véase mi Ch´ulla y Yanantin. Las dos matrices de civilización que constituyen a Bolivia. La Paz: Garza Azul, 2008.

[3] Johannes Althusius, Politica metodice digesta. Cambridge: Harvard University Press, 1932.

[4] Esta vez, sigo a Amor y juego, páginas 38 y siguientes.

[5] La voz hebrea Shalom, שלום, significa paz: entre dos partes y, también: vivir bien, conectado a sus entornos tangibles e intangibles. La raíz lingüística de shalom se la puede vincular con le-shalem alechim, que significa completar, retribuir, pagar, compensar. Es decir, incluye el don y el intercambio. Shalom significa, kabbalisticamente, un retorno al equilibrio, a la justicia y a la igualdad integral, más que ausencia de conflicto, como enfatiza la tradición monoteísta y patriarcal.

 

[6] No entramos a la discusión sobre si matriarcalismo es mejor que matriarcado o se debería decir más bien ginecocracia, con Bachofen, o matrismo con Taylor, o matrística, con Maturana, o gilania, con Eisler. Con Patriarcado parece que no hay dudas. Estamos explayando un mapa conceptual, en el sentido de los Tipos ideales de Weber. Pienso que el poder: kratos, también se dio en el paleolítico y neolítico europeo, pero se lo practicó no como un poder de dominación sino, más bien, de vinculación, pero poder al fin.

[7] The Godess and Gods of old Europe. University of California Press, 1982 y The Civilization of the Godess: the world of old Europe. San Francisco: Harper Collins, 1991 y Riane Eisler, El caliz y la espada. Santiago: Cuatro Vientos Editorial, 1990.

[8] Véase el Sunday Times del 12 de marzo de 2009.

[9] Para las repercusiones en los Andes, véase Blithz Lozada, “Utopía, crisis y resistencia en los Andes”, en Cosmovisión, historia y política en los Andes. La Paz: UMSA-CIMA producciones, 2006, 276 y siguientes.

[10] El “Principio T”, de Lupasco, difiere del esquema hegeliano: tesis / antitesis / síntesis, en que, en Hegel, la oposición desaparece en la síntesis: sich aufhebet. En el modelo lógico cuántico no desaparecen. T es el efecto de la complementariedad, pero no es algo objetivo; desaparecerá, en el Vacío cuántico, cuando la oposición complementaria se haya disuelto y seguirán existiendo e y no-e.

[11] Como ya he dicho en otros lugares, al interior de todo Holón late su contrario, solo que no hace masa crítica. Así, por ejemplo, al interior de monoteísmo abrahámico, el mensaje de Jesús de Nazareth y el así llamado Movimiento de Jesús es netamente matrístico, hasta que llega Pablo de Tarso y funda el cristianismo androcrático; el catolicismo tiene grandes ramalazos matrísticos: el rol de la Madre de Dios y las santas. Al interior del patriarcado griego la dialéctica Demeter-Dionisio no ha dejado toda la iniciativa al complejo Zeus-Apolo; las Moiras ponían en jaque cada rato a Nomos. En la actual península italiana, 2000 años antes de Cristo floreció la sorprendente civilización etrusca, nítidamente matristica, etcétera. Para el caso que nos ocupa recomiendo calurosamente El cáliz y la espada de Riane Eisler y El placer sagrado, cuya traducción castellana se editará en Bolivia, gracias al cuidado de Elisabeth Peredo. Estar atentos.

[12] Cf. Wilhelm Schmidt, Wilhelm Koppers: Handbuch der Methode der kulturhistorischen Ethnologie. Münster: Aschendorff, 1937.

[13] Recojo en forma de cuadro los indicadores que se encuentran en Franz Karl Mayr, Geschichte der Philosophie. Kevealer: Button 1966. Véase también: Andrés Ortiz-Osés, Metafísica del sentido. Una filosofía de la implicación. Bilbao: Universidad de Deusto, 1981.

[14] Véase Stephan Lupasco, Las tres materias. Buenos Aires, 1963. Edgar Morin, El paradigma perdido. Barcelona: Kairos, Andrés Ortiz-Osés, Metafisica del sentido, página 97. Heinrich Rombach, Welt und Gegenwelt: Umdenken Über die Wirklichkeit. Die philosophische Hermetik, Basel: Herder 1983.

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