¿Por qué la agricultura industrial es hoy un modelo agotado?

agricultura-cambio-climaticowww.ecoagricultor.com: La revolución verde, el símbolo de la intensificación agrícola no solo falló en asegurar una producción de alimentos abundante y segura para todas las personas, sino que fue instaurada bajo la suposición de que siempre habría abundante agua y energía barata y que el clima no cambiaria.

Los agroquímicos, la mecanización y las operaciones de irrigación que son el centro de la agricultura industrial, son altamente dependientes de combustibles fósiles cada vez más caros y escasos.

Las condiciones climáticas extremas se están haciendo más comunes y más violentas, amenazando los cultivos, especialmente los monocultivos modernos genéticamente homogéneos que cubren el 80% de las 1.500 millones de hectáreas de tierra cultivable. Además la agricultura industrial contribuye con cerca del 25-30% de las emisiones de gases efecto invernadero, modificando tendencias climáticas y comprometiendo así la capacidad del mundo para producir alimento en el futuro.

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La huella ecológica de la producción industrial

En algunas de las principales regiones productoras de cereales del mundo, la tasa de incremento de los rendimientos de cereales está alcanzando el punto de los rendimientos decrecientes, a pesar del uso incrementado de fertilizantes. Cuando se tiene en cuenta la dependencia de petróleo y la huella ecológica de la agricultura industrial, surgen graves preguntas sobre la sostenibilidad medioambiental, económica, y social de las estrategias agrícolas modernas. La intensificación de la agricultura con variedades de cultivos de alto rendimiento, fertilización, irrigación y pesticidas tienen un fuerte impacto sobre los recursos naturales con graves implicaciones en el medio ambiente y en la salud.

Se ha estimado que el costo de las externalidades de la agricultura industrial en el Reino Unido es por lo menos 1.5 a 2 mil millones de libras cada año. Utilizando el mismo marco de análisis, el costo de las externalidades de la agricultura moderna en los Estados Unidos asciende a casi 13 mil millones de libras al año, cuando se internalizan los costos por daños a recursos hídricos, suelos, aire, fauna silvestre, biodiversidad, y salud humana. Costos anuales adicionales de USD 3.7 mil millones surgen del costo invertido en programas para solucionar estos problemas o para fomentar una transición hacia sistemas mas sostenibles.

El orgullo Estadounidense de tener comida barata es solo una ilusión; los consumidores pagan mucho más allá del precio estipulado en las tiendas de comestibles.

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La difusión y el potencial productivo de los sistemas agroecológicos para alcanzar la soberanía alimentaria

La primera evaluación global de proyectos agrícolas basados en principios agrecológicos en el mundo en desarrollo fue realizado por Pretty et al., (2003) que documentó claramente aumentos en la producción de alimentos en unas 29 millones de hectáreas, involucrando casi 9 millones de hogares que se beneficiaron de un incremento en la diversidad y la seguridad alimentaria.

Las prácticas de agricultura sostenible produjeron incrementos de 50?100% por hectárea en la producción de cereales (cerca de 1,71 toneladas/ha al año por hogar ? un aumento del 73%) en zonas de secano, típicas de pequeños agricultores que viven en ambientes marginales, es decir un área de cerca de 3,58 millones de hectáreas, cultivadas por cerca de 4,42 millones de agricultores.

En 14 proyectos en que los cultivos de tubérculos fueron los principales alimentos básicos (papa, batata y yuca), 146.000 fincas en 542.000 hectáreas el aumento de la producción alimentaria de los hogares alcanzó 1,7 toneladas al año (incremento del 150%). Estas mejoras de rendimiento son un verdadero avance en el logro de la seguridad alimentaria de campesinos aislados de las principales instituciones agrícolas. Un nuevo análisis de los datos en 2010, demostró el efecto que tuvieron 286 intervenciones en 57 “países pobres”, que cubren 37 millones de hectáreas (3 % de la superficie cultivada en los países en desarrollo) ya que incrementaron la productividad de 12,6 millones de fincas, a la vez que se mejoraban los servicios ecosistémicos. El aumento promedio de rendimiento de cultivos fué de 79 %.

Accede al documento completo de Miguel Altieri y Clara Nicholls

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