EL MAL: ¿EXISTE O SE HACE?

Autor: Froilán Laime Ajacopa

Un comentario sobre el artículo (que recién lo leí) de Zambrano, Luis “El problema del mal en el mundo andino” en Estermann, Josef (Coord.) Teología Andina. El tejido diverso de la fe indígena. Tomo II. ISEAT, La Paz, 2009. Para compartir e intercambiar:

A pesar de la intención de algunos teólogos y sacerdotes por comprender la eticidad de las comunidades indígenas, los enfoques ecuménicos continúan colonizando la espiritualidad india, ahora desde la “filosofía intercultural”. Aún “un mestizo con alma de indio”, como se presenta Luis Zambrano[1] , que dice “valorar” las culturas andinas, no hace más que atribuir preconceptos judeo-cristianos a una realidad extraña. Por el contrario, es justo reconocer que el concepto del mal en la civilización andina es muy diferente al occidental.

Evidentemente el bien y el mal son experiencias de la acción humana, pero en las culturas no siempre se han buscado “seres superiores que den razón de su existencia” ni forzosamente se han imaginado “dioses relacionados con el bien y con el mal”, como fácilmente atribuye Zambrano a los aymaras. En primer lugar, en los Andes el bien y el mal no se personifican, pues en el lenguaje natural no hay indicios que los representen como voluntades superiores que ingresarían a las personas para manipularlas. No hay ‘espíritus buenos’ y ‘espíritus del mal’. Lo que llama “espíritus malignos” (supaya, saxra, anchanchu, antawalla…) son fantasmas o apariciones que afectan la salud del observador[2] o influencias que perturban la vida de una familia; pero no son lo que orientan el comportamiento ético, pueden intervenir ocasionando malas cosas, pero no se instalan en la motivación e interacción intersubjetiva.

Por otro lado, hay que notar que en aymara existe la noción de «bien» wali, que es ‘lo bastante’[3] , pero no de «mal», para la cual simplemente se recurre a la ausencia de esa cualidad jan wali, que es ‘no-bien’ (no como negación sino falta o rechazo de lo bueno). Al mismo tiempo es impropio entender que ‘el bien’ y ‘el mal’ están en lucha, en aymara no tendría sentido decirlo: gramaticalmente armable pero culturalmente incomprensible.

No existe «el mal» como una entidad externa a las interacciones, mucho menos como sujeto sobrenatural. Lo que hay son acciones malas, procederes perjudiciales e incorrectas (p.e. las personas malas pueden ser qhuru, coléricos), o también situaciones a las que arriba uno desgraciadamente, las tragedias o infortunas (se dice jan walirurakis purt’astxa). Claro que las malas acciones alteran la armonía de la comunidad, pero no se lleva una vida moral con el fin de ‘respetar a las entidades extrahumanas’ sino a la misma vida comunitaria —aquí el autor tiene razón al decir que el mal es la ruptura de la armonía (con la comunidad, naturaleza y cosmos)—. El «pecado» no es una falla que se comete por culpa de alguien no-humano (una inspiración maligna), sino incorrecciones o desviaciones. Los ‘demonios’ no son voluntades, unos vigilantes constantes que nos llevan a hacer el mal (por su guerra contra el bien)[4] ; sólo son lugares o imágenes que pueden asustar u ocasionar infortunios (si nos topamos o los buscamos), pero no inspiran ni infunden antivalores, como una presencia permanente.

Ahora, los “aspectos negativos” de la cultura andina (como serían la magia negra, la borrachera comunitaria, el t’inkhu, los sacrificios humanos y la justicia comunitaria), habrá que dejarlos a la crítica cultural interna, sin someterlos al enjuiciamiento religioso ajeno o a un examen de evangelización. Porque en ese caso avivaríamos los conflictos interreligiosos.

[1] <http://es.mg40.mail.yahoo.com/neo/#_ftnref1> Cuyo artículo comentamos ahora: Zambrano, Luis “El problema del mal en el mundo andino” en Estermann, Josef (Coord.) Teología Andina. El tejido diverso de la fe indígena. Tomo II. ISEAT, La Paz, 2009.

[2] <http://es.mg40.mail.yahoo.com/neo/#_ftnref2> Por ejemplo atrapando el ajayu de la persona que se asustó, que el yatiri terapeuta debe recobrarlo para curarlo.

[3] <http://es.mg40.mail.yahoo.com/neo/#_ftnref3> Wali <bueno> indica lo suficiente que puede ser algo, lo satisfaciente o estado adecuado de alguien. Asimismo hay varios conceptos relacionados a lo bueno. Suma <bien> que está asociado al disfrute, deleite, gusto y complacencia; aski <favorable> que refiere a lo corregido, conforme y propicio; kusa <perfecto> que está en su punto, lo expresa en su cabalidad o cumple de sobremanera. Lo interesante es que estos términos no tienen antónimos, palabras distintas que signifiquen lo contrario o una cualidad antagónica.

[4] <http://es.mg40.mail.yahoo.com/neo/#_ftnref4> Los seres andinos no tienen por qué amoldarse a las maneras del ‘diablo cristiano’ (como personaje de una narrativa histórica). La forma de entender las divinidades (y malignidades) necesariamente son culturales.

 

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