Frauengeld: Dinero femenino:Verónica Bennholt-Thomsen

Verónica Bennholt-Thomsen, Seefeld 1944, es una etnóloga y socióloga austriaca; feminista desde las primeras horas y co-creadora de las investigaciones sobre la mujer y el matriarcado, Frauenforschung y Matriarchatsforschung, en lengua alemana. Sus intereses podrían cartografiarse en base a las siguientes entradas: indios, campesinos, mujeres indígenas, subsistencia, economía femenina, dinero, vivir bien. Aunque, en el mundo académico de lengua alemana, su nombre está asociado a la Escuela de Bielefeld y al concepto de Subsistencia. Especialmente intersante y, sobre todo, pertinente, ahora, son sus trabajos sobre lo que llama Frauenwirtschaft: economía femenina: economía de mujeres: economía warmi. Es autora de Frauen, die letzte Kolonie. Zur Hausfrauisierung der Arbeit. Reinbek bei Hamburg: Rowohlt, 1983: Mujeres: la última colonia. Sobre la domesticación femenina del trabajo. Frauen Wirtschaft. Juchitán, Mexikos Stadt der Frauen. München: Frederking & Thaler, 2000: Economía femenina. Juchitán: la ciudad mexicana de las mujeres; Geld oder Leben. Was uns wirklich reich macht. München: Oekonom Verlag, 2010: La bolsa o la vida. Lo que realmente nos hace ricos. A continuación voy a condensar un artículo suyo, de 1999, titulado Frauengeld: dinero de mujeres: dinero mujer: dinero warmi.

Veronika sostiene que, en nuestra sociedad, mujer y trabajo-no-pagado son sinónimos; es decir, que dinero y mujer se excluyen mutuamente. El dinero capitalista, que tiende hacia el interes y el lucro, es un dinero patriarcal. Esto es facil de entender. Pero ¿cómo sería un dinero no patriarcal? esto es algo más dificil de imaginar, sobre todo teniendo en cuenta que sin dinero el mundo actual no funciona. Para ello Veronika convoca el caso de las mujeres zapotecas de Juchitán, una sociedad matriarcal contemporánea en el mero México. Traigo a colación este caso porque desearía que fuese inspirador para animar investigaciones de Frauengeld entre las quechua del Valle alto cochabambino, por ejemplo.

En Juchitán el dinero está en mano de las mujeres. Por un lado, porque toda mujer está metida en algún negocio; por otro lado, porque los varones entregan su dinero a las mujeres. Campesinos y pescadores, alrededor del 50% de los varones económicamente activos, lo hacen en la forma de productos, frutos de la tierra y el mar que, luego, las mujeres transforman y venden. El dinero lo conservan ellas y dan algo a los varones para sus gastos. Los jornaleros entregan a sus mujeres, concubinas o madres todo el salario, del cual ellas les dejan una propina generosa pues, en esto de dar, no son tacañas. Aman el dar, la vida buena, las fiestas, el lucir bellos trajes.

 

Más importante que el hecho de que, en Juchitán, las mujeres tienen el dinero, es lo que esto produce y significa. En esta sociedad, según Veronika, las mujeres y lo maternal están en el centro. No el padre, sino la madre es la persona de referencia, tanto social, económica como emocionalmente. No es infrecuente que las mujeres tengan hijos de diferentes padres. El honor de los niños, empero, proviene de la familia maternal. Ahora bien, el prestigio de la mujer proviene de su laboriosidad como artesana y comerciante y, sobre todo, de su generosidad que resplandece en las grandes festividades de la comunidad: unas 35 al año, que convoca a miles de personas. Para las anfitrionas, estas fiestas representan un gasto enorme y, al mismo tiempo, un enorme honor y prestigio.

 

En estas ocasiones, en que salen a luz arcaicos rituales de fertilidad, las mujeres muestran su riqueza bajo la forma de monedas de oro, que, enlazadas como colgantes, portan en el cuello. El oro, los cerdos, los tejidos y los bordados, los heredan las madres a sus hijas, mientras el padre o el tío materno heredan a los hijos o sobrinos: la tierra, el ganado y el bote.

 

No existe el concepto de casa paterna. La casa es siempre la casa de la madre, de la esposa o la concubina y de sus hijos. La ciudad, compuesta por la casa, el mercado y la organización de las mujeres, pertenece de hecho a las mujeres. Los varones se ligan por la linea paterna y por el don de los productos.

 

Los zapotecas suman unas 250,000 personas. En Juchitán viven unos 80,000. Se encuentran en el el Istmo de México, entre el Atlántico y el Pacífico. Tienen, refinerías de petroleo y Salina Cruz es un puerto libre, abierto al comercio con Japón y el sud este asiático. Pasa el ferrocarril e inmensas obras hidráulicas promueven una agricultura industrial. No estamos, pues, hablando de una aldea remota o un enclave exótico en el que se han conservado elementos matriarcales.

 

Ahora bien, Veronika relata cómo en el mercado se puede conseguir de todo, pero según otras reglas. Este es el detalle. Los precios, por ejemplo, son definidos por las comerciantes mismas pero no, primeramente, de acuerdo a criterios de rentabilidad, sino que guían sus decisiones por las relaciones sociales que existen entre vendedoras y compradoras. En ello juegan un rol importante el parentesco, la vecindad y la amistad. El intercambio de mercancías y dones son contabilizados en el marco de la Fiesta. Juchitán se rige por el principio de reciprocidad y, en la cuenta de la reciprocidad, fluyen tanto lo material como lo inmaterial: dinero, ayuda mutua, mercancías, regalos, servicios y dones; todo ello, al mismo tiempo y uno al lado del otro.

 

Eso significa que economía y sociedad no están, ni son tratados por separado. Ahora bien, eso sólo es posible porque la economía y el comercio están orientados hacia las necesidades cotidianas, es decir, hacia los medios de vida en el sentido más amplio de la palabra y, sobre todo, hacia los medios de alimentación que componen la mayor parte del comercio regional. Por esta razón no hay amas de casa en Juchitán. Cada mujer es comerciante. De acuerdo a ello, la economía juchiteña es un inmenso presupuesto doméstico único, organizado y dividido por las mujeres mismas, al que los varones contribuyen con bienes primarios y dinero. Todo ello pone en movimiento una economía que culmina en el consumo y la comensalidad compartida de la Fiesta. A la gente de Juchitán le va bien, mucho mejor que a gente en regiones semejantes.

 

Ahora bien, ¿cómo es posible que el dinero, en Juchitán, no traiga consigo relaciones económicas de lucro, como en otros lugares? Finalmente se trata de la misma moneda que, en otras partes, busca el interés, la amortización y la rentabilidad, pues, de otro modo, se consideraría un fracaso el negocio. ¿Bajo qué condiciones modernas, es posible este otro trato con el dinero? ¿Qué significa esto, se pregunta Veronika, para una perspectiva feminista?

 

En una sociedad patriarcal moderna, el dinero es más que un solo medio de pago; es más que un instrumento útil para facilitar el intercambio de productos; representa más que los medios de vida, que se puedan comprar con él. Detrás suyo está la gran abstracción, pues el dinero es también un símbolo que convoca emociones, representaciones, creencias y también es un tabú. Es un cuento, eso de que el dinero tiene que ver con decisiones racionales.

 

El dinero también tiene un simbolismo sexual. Es cosa de hombres. La libre disposición de dinero, por magia simpática, va junto a la libre disposición de la sexualidad. Kurnitzky [1] habla incluso de una “estructura pulsional del dinero”. El dinero moderno, dice, se desarrolla a partir del sacrificio. Al comienzo los sacrificios humanos fueron remplazados por sacrificios animales y, finalmente, por sacrificios metálicos. De ahí que el primer dinero sacrificial fuese adornado con animales. El primer dinero, entre los griegos, ha sido por eso dinero templario. Los sacrificios, en efecto, han jugado un rol muy importante en los antiguos cultos de la fertilidad. Dinero y fertilidad están ligados simbólicamente.

 

En ese sentido, hoy, la emisión de dinero tiene un contenido altamente simbólico. En el trato con el dinero está contenida la relación social con la naturaleza. Es más: en la modernidad, el dinero ha remplazado al sacrificio y ha tomado su lugar. La naturaleza ya no es más creadora, sino el dinero. El dinero es el que es fértil. El dinero es que da la vida.

 

Así, pues, la negación de la Madre Tierra, que implica la negación de la relación hombre naturaleza, va paralela con el menosprecio de la mujer y su subordinación. La sexualidad femenina es cosificada y, de este modo, el patriarcado le roba su humanidad a la mujer. La disposición de la fecundidad ya no pertenece a la mujer, sino al varón. Este viejo principio patriarcal ha tomado una nueva forma. El dinero, la nueva fertilidad, es sembrado por el capital, cuya productividad también cosecha, al monetarizar todas las relaciones.

 

El dinero, pues, está lejos de ser solamente un simple medio de intercambio. Objetivado como fetiche, el patriarcado le atribuye el Poder y el que no tiene dinero es visto como un impotente. En la modernidad, toda la economía es entendida como una economía monetaria que, por diseño, excluye la reciprocidad. Pero no sólo eso, el dinero ha sido fetichizado como una religión, basada en la fe y la magia.

 

Como toda magia [2], la magia del dinero implica también poder y amenaza al mismo tiempo. La economía monetaria es dura y cruel, pero hay que someterse a ella si se quiere obtener sus beneficios. El hombre, para conseguir la eficiencia económica, ofrece un sacrificio, a saber: se blinda, se vuelve duro, desalmado, insensible. Esto sólo es posible si, psíquicamente, el hombre reprime los modos femeninos de relacionarse con los otros y la naturaleza y, para ello, es útil la ficción social de una economía mercantil que trasiega objetos inanimados.

 

En la actualidad, la relación masculina con el dinero es la que domina; es más, se ha generalizado como la única forma de entender la economía. Paralelamente se ha impuesto el modelo industrial de una economía de crecimiento que es, finalmente, un modelo patriarcal de guerra a la naturaleza, según el patrón de dominación de la mujer.

 

Así, pues, si esta lectura es correcta, entonces se impone una conclusión. Es preciso desvelar las relaciones patriarcales con el dinero y la economía monetaria. Recien después de esta desmitificación, el dinero podrá volver a ser un medio al servicio del intercambio y no, como ahora, que la sociedad entera está determinada por el intercambio. Sólo de esa manera podrá cambiar nuestro estilo de vida.

 

La investigación etnográfica nos enseña que allí donde las mujeres tienen el dinero, el dinero cumple otra función social. He aquí que un rol fuerte de las mujeres, una socialización matriarcal, transforma completamente las relaciones que produce el dinero y trae consigo otra economía.

 

El culto a la virginidad, en Juchitán, también nos enseña algo sobre el dinero, bajo tutela femenina. La ruptura del himen y, con ello, el acceso a la sexualidad y fertilidad de la doncella, tiene un alto precio. La familia del novio tiene que entregar una dote a la novia, pues ha pasado de niña a mujer y eso significa, en Juchitán, que ya se puede bastar a sí misma económicamente. La dote le sirve, por así decir, de capital de arranque que va a posibilitar su emancipación e independencia económica. Al revés que en el patriarcado.

 

En Juchitán, pues, las mujeres transforman los usos y significado del dinero. Aquí, no simboliza la dominacion sobre la sexualidad y fertilidad femenina. Es un simple medio para intercambiar bienes y servicios, para el florecimiento nutricio de la vida, para la subsistencia.

 

También en Occidente, recuerda Veronika, las mujeres son las encargadas de la subsistencia, pero hay una gran diferencia respecto de Juchitán. Allí, a la subsistencia, no se le ha hurtado lo económico. De ello se encargan las mujeres. El dinero, en estas condiciones, es una herramienta en manos de mujeres y no un arma masculina para someter su femineidad, a la naturaleza y a los otros. Las mujeres zapotecas imprimen su sello a la economía y no al revés. Esto es así porque la economía de reciprocidad zapoteca está orientada hacia la subsistencia, hacia lo que nutre, es necesario, bueno y bello para llevar una vida placentera, aquí y ahora. No la motiva ni el lucro ni el poder, ni el futuro.

 

En Juchitán las mujeres son fuertes, no porque tengan dinero, sino que, por que poseen fuerza como mujeres, tienen también dinero y, a saber, su dinero: un dinero-mujer.

 

 


[1] Horst Kurnitzky, Die weibliche Triebstruktur des Geldes, Berlin , 1974.

 

 

[2] Hans Christoph Binswanger, Geld und Magie, Stuttgart/Wien, 1985.

 

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