Una mirada al sistema político desde la biología de la cognición

Vamos a tratar de pensar, post-patriarcalmente, desde las ciencias biológicas de la cognición, en su sentido más amplio, tal como lo hace la escuela matrística de Santiago: (Varela), Maturana, Ximena Dávila, y ya no como, desde los griegos, lo viene haciendo la ciencia política convencional: desde la razón patriarcal y que prosiguen, paradójicamente, los teóricos del Viceministerio de Despatriarcalización [1].

Aunque entiendo los motivos por los cuales los sefardíes marranos, sobre todo, auparon la Razón como criterio de la ciencia: Sánchez Brosas[2] antes que Descartes, para no remitirme hasta Maimónides, y apostaron por la abstracción como herramienta de nivelación política, me parece que ya no hay motivos para proseguir con esa unilateralidad. Prefiero entender al ser humano como un ser vivo que como un ente racional. Hay que diluir el reduccionismo moderno. Prosigo, pues, dos caitos sefardíes: la “democracia convivial” de Maimónides, a la cual me he referido en Mano dura y Mano blanda[3], y a Baruj Spinoza que desearía sintetizar, ahora, en las siguientes citas: “La naturaleza no se limita a las leyes de la razón”, “He considerado las pasiones humanas (…) como propiedades que le pertenecen, igual que el calor, el frío, la tempestad, el trueno pertenecen a la naturaleza de la atmósfera”, “Consideraré los actos y apetitos humanos como si fuese cuestión de líneas, superficies o cuerpos” y esta ultima cita para empalmar con Humberto Maturana: “Nadie que yo sepa ha determinado la naturaleza y la fuerza de los afectos”[4]. Aparte de los estoicos, por vía negativa, Maturana, a cuyos pies me voy a sentar a aprender more amoroso, vía positiva, como corresponde a esta época.

Para ello voy a traer, primero, sus conceptos operacionales. Como se sabe el estilo de Maturana es iterativo y, por ello, sus formulaciones se encuentran desperdigadas por toda su obra. Se puede entrar por cualquier lado. Ahora ingreso por Amor y juego y La democracia es una obra de arte[5]

Lenguaje y emoción

Lo humano se da en el lenguaje. No todos los seres vivos viven en el lenguaje. De hecho, sólo nosotros vivimos inmersos en el lenguaje de una manera tan profunda que llegamos a disfrutar del fluir de la palabra. ¿Qué ocurre con el lenguaje? Si uno se fija en la vida cotidiana se puede dar cuenta que el lenguaje es un modo de con-vivir en coordinación de conductas consensuadas. En ese momento, apareció un espacio nuevo de convivencia que es en el que se aprende. También descubrimos que el lenguaje tiene que ver con el hacer. Todo lo que los seres humanos hacemos ocurre en el lenguaje. Cuando aprendemos a vivir en el lenguaje, vivimos el lenguaje entrelazado con el emocionar: vivimos las emociones que se entrelazan con el lenguajear. A este entrelazamiento del lenguajear y del emocionar, Maturana le llama conversar. Vivimos, pues, en conversaciones, tejiendo redes de conversaciones, es decir, redes de coordinaciones conductuales y emocionales.

¿Cómo surge el conversar en la historia humana? Se calcula que surgió, como un modo de vida, hace unos tres millones de años, cuando nuestros ancestros, unos bípedos, cuyos miembros superiores eran muy diferentes a los nuestros, su fisonomía facial era distinta, su cerebro un tercio del actual, con la cultura de un niño actual de ocho años. Todo ello se ha transformado, en el curso de esos millones de años, en torno al lenguaje que fue posible por una razón sobre todo. El vivir en el lenguaje surgió cuando en las pequeñas comunidades homínidas antecesoras nuestras, las crías crecieron en el lenguaje y, a su vez, sus hijos crecieron en el lenguaje. Somos, pues, el presente de una larga historia que ha conservado y transmitido, generación tras generación, el vivir en el lenguaje. Pero si el lenguaje oral es un modo de vivir en coordinación de coordinaciones conductuales consensuales, para que eso se haya dado, tuvo que haber existido una cierta intimidad y una cierta estabilidad de la intimidad y eso requiere de una emoción. Las emociones son amplios dominios conductuales, no una clase particular y única de conducta. Para que surja un lenguaje, pues, es indispensable el vivir la emoción que trae la intimidad, la mutua admiración. La emoción fundamental, en esta historia, es el amor. La energía bosónica, procesada por los seres humanos.

Biología del amor

El amor es el dominio de las conductas en las cuales el otro surge, como legítimo otro, en condiciones seguras y en combinación con uno. No es una virtud. El amor es, probablemente, la emoción fundamental que nos dio origen. Maturana, sostiene, por tanto, que el amor es la noción que funda lo social y, añade, cuando no hay amor, nos enfermamos. Los mamíferos, en general, somos dependientes del amor. Ahora bien, si somos dependientes del amor ¿cómo es que vivimos en una cultura centrada en la guerra y en la negación del otro? Maturana se responde esta pregunta, haciendo una breve reflexión sobre el origen de nuestra cultura.

Para ello nos resume las tesis que Riane Eisler procesa, en base a investigación arqueológica, en su libro El cáliz y la espada[6]. Hace aproximadamente, entre cinco mil y siete mil años antes de Cristo, en las orillas del Danubio, los Balcanes y el mar Egeo, la arqueología ha descubierto restos de comunidades en las cuales se nota huellas y signos de devastación e invasión. Las cenizas de carbón permanecen visibles en los restos arqueológicos. Esos pueblos vivían de la recolección y la agricultura, sin signos de apropiación de la tierra. Los lugares de culto tenían figuras femeninas. No había fortificaciones, ni expresiones de estructuras jerárquicas; ni diferencias en las tumbas: ni entre pobres y ricos o varones y mujeres. En los Balcanes se han encontrado muchas figuras de Diosas Madres de la fertilidad y figuras andróginas; culturas, pues, de lo masculino y lo femenino. Eisler concluye que esa gente, a partir de esas evidencias arqueológicas, vivía de una manera totalmente diferente a la cultura patriarcal.

Aproximadamente, entre cuatro y cinco mil años antes de Cristo, llegan del Asia pastores que traen consigo todos los ingredientes de la cultura patriarcal: son guerreros, jerárquicos y se apropian de la tierra. Aparecen diferentes tumbas para hombres y para mujeres o tumbas múltiples de un hombre enterrado con varias mujeres y armas como adorno funerario. Con ellos llegó el patriarcado pastoril y se produjo un encuentro violento entre la cultura patriarcal y la cultura matrística [7]. Cuando esto sucedió, pudo pasar lo que también sucedió en Palestina [8]. Algunas comunidades matrísticas fueron destruidas; otras desplazadas y otras asimiladas, como ocurrió con la cultura de la cual provenimos. Cuando la cultura patriarcal englobó a la cultura matrística, mataron a los varones y los guerreros se apropiaron de sus mujeres, quedando lo matrístico refugiado en la relación materno infantil, hacia adentro, y lo patriarcal, se expresó hacia fuera, como la imagen pública.

Ahora bien, Maturana dice algo muy interesante, a saber, que, en la cultura patriarcal, los hombres y las mujeres son patriarcales y en la cultura matrística, los hombres y las mujeres son matrísticos. Ahora bien, en el caso de nuestra cultura, la mujer, al ser apropiada por los hombres patriarcales, guardó y conservó un núcleo matrístico, en la relación materno-filial, que aun está presente en la cultura occidental. Típico de esta relación es la continua invitación a la colaboración, a la participación, al juego, a resolver los conflictos conversando, a la no apropiación; allí el cuerpo es legítimo. Lo patriarcal, por el contrario, es el espíritu, la competencia, la lucha, la defensa de los intereses, el fundamentalismo, la intransigencia, etcétera.

Nuestros niños, pues, viven el conflicto de desenvolverse en una situación matrística, en el seno de la familia, y en una situación patriarcal en la vida social y adulta.

La noción de lo público

Los griegos patriarcales desarrollaron una organización novedosa: la polis: pequeñas ciudades-estado monárquicas. Ahora bien, la democracia surgió en el Ágora, en la plaza del mercado, que era el sitio donde los ciudadanos se encontraban para conversar, como iguales, de los asuntos de la polis y, de esas conversaciones, surge la cosa pública. Lo público, para Maturana, es aquello que está allí y es accesible a cualquier ciudadano, para mirarlo, condenarlo, para reflexionar, para actuar o lo que sea. La democracia surge, pues, como un espacio de conversaciones, decisiones y acciones sobre los intereses de todos. De modo que lo que constituye la democracia es el espacio público. Maturana sugiere que, al suceder esto, se abrió una brecha en el patriarcado, en tanto que permite recuperar algo que ya se vivió en la infancia: la experiencia de la colaboración, de la igualdad, de la participación. Entre más distante se encuentre una sociedad de formas de convivencia matrística, más difícil les será elegir la democracia como modo de vida.

Ahora bien, cuando surgió la democracia aparecieron casi simultáneamente dos clases de conflictos que aún perduran

El primero: la continua presión patriarcal para restituir la apropiación de lo público, por uno o un grupo pequeño de personas. El segundo conflicto es el intento de expandir la ciudadanía para que también los extranjeros y, eventualmente, las mujeres fuesen ciudadanos. Hay que recordar que recién en el siglo XX las mujeres adquieren la ciudadanía en un número considerable de países.

Eso quiere decir, para Maturana, que la democracia no estriba en la rotación o en la elección de representantes, sino en la convivencia, en la cual todos los ciudadanos tienen acceso a la cosa pública como co-participantes de una convivencia en comunidad.

Nosotros, en tanto pertenecemos a una cultura patriarcal, no nos damos cuenta que el poder surge por concesión. No hay poder auto generado. Nadie detenta el poder, sino es porque otros se lo han endosado. El poder, pues, brota de la obediencia; de una obediencia razonable, muchas veces.

Ahora bien, ¿cómo es posible concebir una convivencia en el mutuo respeto, en la igualdad, en la colaboración, bajo una cultura centrada en la guerra, en la apropiación y la negación? Es posible, sostiene Maturana, porque hemos tenido una infancia matrística en la que aprendimos a conversar, experimentamos el respeto mutuo, jugamos colaborativamente … en la relación materno-infantil y en la relación con los otros niños en la calle o el jardín de infantes. Aprendimos, con otras palabras, el emocionar que hace posible la democracia.

Si no existe la emoción no existe la acción. Es la emoción lo que hace grato todo quehacer. Por ello, para Maturana, el vivir democrático es una obra de arte del conversar, del equivocarse, del corregir y del aprender. No tiene que ver, en realidad, con la eficiencia, la perfección; tiene que ver con el deseo de una convivencia en la fraternidad. Si no hay ese deseo no habrá democracia. La democracia es un proyecto común y se va configurando, día a día, momento a momento. Por el contrario, el modo de vida patriarcal se basa en la autoridad, en la jerarquía, en la dominación, en la obediencia, en la arbitrariedad, en el miedo, en la autocensura, también en la eficiencia.

La democracia no tiene justificación racional. La cultura cientificista, que es patriarcal, pretende siempre buscar argumentos racionales para todo, en circunstancias en que muchas acciones no tienen fundamento racional, sino emocional. Maturana sostiene que la historia de la humanidad ha seguido y sigue una deriva determinada por las emociones, en particular por los deseos y preferencias; no por la razón, como dicta el libreto oficial. Son nuestros deseos los que determinan lo que hacemos o dejamos de hacer, no la disponibilidad de recursos u oportunidades. Nuestros deseos surgen a cada instante del entrelazamiento de nuestra biología y nuestra cultura. Maturana afirma, y con muchísima razón, que si no entendemos que el curso de las acciones humanas sigue el curso de las emociones, no podemos entender el curso de la historia de la humanidad.

Convivencia y evolución

Los estudios de genética muestran que nosotros y los chimpacés tenemos un antecesor común, es decir, pertenecemos a dos linajes que se separaron hace cinco millones de años. Si uno quiere entender la historia de los seres vivos tiene que mirar lo que se conserva, es decir, las distintas clases de seres vivos que quedan definidos por distintos modos de vida que se conservan de generación en generación. Lo que nos hace, a nosotros, seres humanos es un modo de vida; lo que hace de un chimpancé un chimpancé es su modo de vida, no sólo su corporalidad. Lo que pasa en el modo de vida se da por la relación entre la dinámica corporal y las circunstancias que, en nuestro caso, es el lenguaje. El modo de vivir en el lenguaje.

Ahora bien, también somos animales compartidores. El acto de compartir no consiste en dejar que el otro coma al lado de uno: consiste en dar, lo que uno tiene, al otro. No se sabe en qué momento, de esos tres millones de años hacia atrás, comenzó el compartir en nuestro linaje, pero somos animales compartidores: damos, recibimos y devolvemos. También somos animales sensuales: nos acariciamos. La mano de un chimpancé no puede acariciar. La caricia es fundamental en la dinámica relacional humana. La caricia implica una cosa muy especial: cercanía y confianza, como fruto del don. Hará unos tres millones de años nuestros antecesores vivían en una cierta intimidad, cercanía y, por tanto, sensualidad en el compartir de pequeños grupos. En esa intimidad surgió el lenguaje como un modo de convivir que implicaba coordinaciones recursivas de la conducta. Entonces el vivir en el lenguaje empezó a conservarse, generación tras generación, en el aprendizaje de los niños. Somos, pues, lo que somos, gracias al aprendizaje de los niños.

Para que eso haya sucedido ha sido necesaria la emoción, que es un modo de comportarse. Ahora bien, la emoción, que hace posible la intimidad en una convivencia permanente, es el amor y el amor es también un dominio de la conducta en el cual el otro surge como un legítimo otro. El lenguaje no podría haber surgido en un ámbito de mutua negación. Ahora bien, si lo que afirmo es válido, surgen dos peguntas

La primera pregunta tiene que ver con nuestro presente. Vivimos en un mundo donde la guerra, la agresión, la negación del otro aparecen en un lugar destacado. La segunda pregunta es ¿cómo es que llegamos a la intimidad en la cual fue posible que surgiera el lenguaje?

Las relaciones entre los animales pueden darse entre dos extremos. Un extremo es la relación materno-infantil, en el caso de los mamíferos. Esa relación es amorosa. El otro extremo corresponde a las relaciones de dominación y de sometimiento que los antropólogos describen como relaciones de poder.

Ahora bien, la historia que nos da origen es una historia de infantilización. En biología a esto se le llama neotenia: una expansión de la infancia de modo que la vida adulta se posterga y, tal vez, no llegue nunca. Nosotros tenemos muchos rasgos neoténicos. En el linaje de los chimpancé, por ejemplo, no hay neotenia. Frans de Waal, un biólogo holandés, escribió un libro titulado Chimpazee Politics. Power and sex amog apes, donde señala que la vida de los chimpancés está centrada en relaciones de dominación y sometimiento, de alianzas transitorias e instrumentales. Dos chimpancés se pueden transformar en una pareja sólo para destronar a otro que tiene una posición jerárquica superior. Luego de derrocarlo, se acabó la alianza y pasa cualquier cosa.

Le llama política porque puede hacer referencia, o bien a la preocupación por los temas de la polis o bien a las relaciones dominación y sometimiento por la instrumentalización de las relaciones en función del poder. Un problema mayor es que este tipo de relaciones, justamente, se ha extendido en la humanidad actual. Se pregunta: ¿somos animales políticos? Y se responde: pienso que, más bien, somos animales cooperadores. La cooperación se da solo y exclusivamente en relaciones de mutuo respeto. La cooperación no se da en relaciones de dominación y sometimiento. La obediencia no es un acto de cooperación. La cooperación se termina cuando se instrumentaliza la relación. Las amistades acaban cuando las relaciones se vuelven instrumentales.

En cierta manera vivimos, actualmente, en una esquizofrenia, escindidos entre dos polos de intensiones fundamentales. Crecemos en la simulación, en la apariencia, en la manipulación, en la competencia pero, al mismo tiempo, deseamos que los temas de la comunidad nos importen y podamos guiarnos por la cooperación.

Así, pues, ¿qué es, entonces, la democracia? Si uno mira sus orígenes, lo que descubre es que ella surge como un modo de convivencia entre iguales que se respetan, tienen derecho a opinar y a participar en las decisiones que les afectan. ¿Qué tiene que pasar para llevar a cabo una vida democrática? Tenemos que ser capaces de vivir en la colaboración, ser capaces de encontrarnos con el otro como legítimo otro en la convivencia mutua. Tenemos, asimismo, que respetarnos a nosotros mismos. El respeto por el otro pasa por el respeto por sí mismo y el respeto por sí mismo pasa por el respeto por el otro.

Pero para que eso suceda, el niño debe crecer de tal manera que adquiera conciencia de sí y conciencia del otro en la legitimidad de la relación social. La Doctora Gerda Verden-Zöller ha investigado la relación materno-infantil y muestra cómo los bebes y los niños adquieren conciencia corporal y conciencia de sí pari pasu toman conciencia de la corporalidad y legitimidad del otro, en el juego que se da entre madre y niño. En esta interacción el niño experimenta una expansión de su corporalidad que le facilita expandir también su experiencia y comprensión del mundo. Por tanto, la posibilidad de la convivencia: de la sociedad, surge del crecimiento del niño que toma conciencia de sí y de su entorno. Y eso se da, germinalmente, cuando la relación materno-infantil es una relación de juego, de cercanía corporal y de mutua aceptación. Cuando un niño no es aceptado, enferma y muere. Esto tiene que ver con nuestra biología y con nuestra historia evolutiva.

¡Viene el lobo!

La cultura patriarcal occidental surgió, hace unos veinte mil años en Asia, asociada a la apropiación que hacían familias humanas que trashumaban cazando animales. Detrás de esas familias iban también los lobos, como en el presente sucede con las tribus laponas que viven de los renos. Al lado de ambos van los lobos, que son animales depredadores, como los humanos lo son de los renos. Maturana propone lo siguiente: en algún momento, dice, estas familias de cazadores comienzan a impedir a los lobos el acceso a sus presas. En algún momento, la exclusión del lobo deja de ser ocasional y pasa a ser una acción sistemática que empieza a conservarse de generación en generación. En ese momento surge el pastoreo, la apropiación, la exclusión del otro: el Patriarcado. Eventualmente, se mata al lobo. El instrumento de caza, entonces, se convierte en un arma. Con las armas surge la guerra y todo un modo de vivir completamente distinto.

Cuando eso sucede, cambia completamente la dinámica relacional y aparecen las jerarquías, la dominación y el sometimiento, como dimensiones centrales de la coexistencia. Nosotros somos el presente de esa historia, pero somos un presente mixto. En la infancia, conservamos una relación de mutuo respeto, de colaboración, de participación, de aceptación. En la vida adulta, tenemos que entrar a relaciones de autoridad, sometimiento, competencia. Este es, efectivamente, el problema.

El acto de matar al lobo, para excluirlo de su comida, no es trivial en la historia. Los niños aprenden a hacer eso como una cosa normal y esto se transforma en un modo de vida y, por lo tanto, en cultura. No se aprende sólo la técnica de matar al lobo, se aprende también la emoción de la caza que va ligada a la apropiación, se aprende la emoción del control. Se pierde, entonces, la confianza y aparece el Patriarcado.

 



[1] Cf. Aunque su mérito es haber iniciado, desde el gobierno, esta red de conversaciones. El camino se hace al andar. Cf. Idón Chivi, Sin despatriarcalización no hay descolonización. La Paz: Viceministerio de Descolonización. Secretaria Nacional de Despatriarcalización, s/f. Viceministerio de Descolonización, “Cuestiones teóricas, normativas y prácticas de la descolonización y la despatriarcalización” en: Despatriarcalización y gestión local. Informe final de consultoría. Programa Nacional Bioculturra. La Paz: 2012, Capítulo segundo.

[2] Cf. Minerva sive de causis linguae latinae. Salamanca: Renaut, 1587. Su obsesión es encajarlo todo en esquemas racionales, dando un papel muy importante en su interpretación gramatical a la elipsis, instrumento esencial de su sistema. En esa búsqueda de esquemas racionales trasciende las fronteras de la lengua latina, para llegar incluso a intuir una gramática general que todas las lenguas llevan implícita. Constituye así un hito importantísimo para la Gramática de Port Royal y para la Gramática generativa de Noam Chomsky. La Minerva tuvo gran éxito y conoció quince ediciones hasta 1761.

[3] Javier Medina, Mano dura Mano blanda, en www.circuloachocalla.org

[4] Véase: Mercedes Allendesalazar Olaso, Spinoza. Filosofía, pasiones y política. Madrid: Alianza Universidad,1988.

[5] Humberto Maturana Romesín y Gerda Verden-Zöller, Amor y juego. Fundamentos olvidados de lo humano. Desde el Patriarcado a la democracia. Santiago: JC Saénz editor, 1993 y Humberto Maturana, La Democracia es una obra de arte. Bogotá: Cooperativa Editorial Magisterio, 1995.

[6] Riane Eisler, El cáliz y la espada. Nuestra historia, nuestro futuro. Santiago: Cuatro Vientos Editorial, 1993.

[7] Una aproximación similar, esta vez, desde la historia de la filosofia, puede verse en: Franz Karl Mayr; Geschichte der Philosophie. Kavelaer, Button, 1966

[8] Cf. Régis Debray, Dios: un itinerario. Buenos Aires: Siglo XXi Editores,

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