Drogas: No queda otra que legalizarlas… Ideas para que Bolivia pueda librarse del narcotráfico

Introducción

La política sobre las drogas se ha distorsionado completamente y anda sin rumbo, en Bolivia y en el mundo. Hay represión, hay cárceles llenas, hay corrupción e influencia del narcotráfico. Ya no se sabe para qué todo esto porque, al mismo tiempo, hay drogadicción, problemática y no problemática y, prácticamente, la venta de drogas es libre.

Tenemos que recordar que la política sobre las drogas tiene un objetivo claro: proteger a las y los jóvenes del consumo de drogas, informar a toda la población sobre los efectos negativos de las drogas y rehabilitar a los que se han hecho adictos. Es una política de salud pública.

Pero, poco a poco esta política de salud pública se ha tornado en una guerra contra el narcotráfico.

 

Se pensaba que con más represión habría menos oferta y menos consumo. Esto no ha sucedido. Y el objetivo de la salud pública ha pasado al olvido, mientras la lógica de la guerra cobra más víctimas cada día. Esto demuestra bien claro la Comisión Global de Políticas de Drogas[1].

 

Además, la política estadounidense de guerra contra las drogas, como todo el mundo sabe, no ha funcionado en las varias décadas que lleva implementándose y, más grave aún: está poniendo en peligro el sistema democrático, en varios países, basta ver la situacion en México y Colombia. No podemos seguir siendo irracionales e irresponsables, sobre todo, ahora, que las condiciones internacionales son tan propicios y que Estados Unidos ya no tiene tanta influencia en Bolivia.

 

Sabemos que el consumo de drogas es problemático, causa muchos problemas a los individuos y a las familias, y al parecer la guerra contra la droga causa más problemas a los individuos, sus familias y a la sociedad en su conjunto que el consumo en sí. Por esa razón es urgente revisar nuestra política respecto a este tema.

Análisis de la situación.

Para ampliar la información sobre este tema, el Círculo Achocalla publica, paralelamente a este librito, el informe de la Comisión Global de Políticas de Drogas (CGPD) “La Guerra contra las Drogas ha Fracasado.” Este documento se considera como parte integral al presente texto.

Analicemos entonces los hechos y diseñemos una política sobre las drogas que tome en serio su primer objetivo: la salud pública y un segundo objetivo que ha emergido en la práctica: evitar la contaminación del medio ambiente por la producción informal y clandestina de la droga. Y un tercer objetivo para evitar las consecuencias negativas de la guerra contra la droga.

 

Empecemos con los drogadictos.

 

En todas las sociedades, y desde tiempos inmemoriales, hay personas que, por diferentes razones, han usado y siguen usando drogas[2] . Por ejemplo el consumo de drogas asociado a distintos rituales animistas y también a terapias de cura chamánica., En la actualidad, las razones de consumo pueden ser las duras condiciones de vida, estrés constante por una sociedad individualista y competitiva, una historia personal traumática o problemas emocionales. Pero la mayoría de las personas, que consumen drogas, no corresponde al estereotipo de adicto amoral y que despierta nuestra conmiseración. De los estimados 250 millones de usuarios de drogas en el mundo, las Naciones Unidas calculan que menos del 10% pueden clasificarse como dependientes o ‘usuarios de drogas problemáticos’.

La decisión individual de comenzar a usar drogas es influenciada por factores como la moda, la presión de las amigas y amigos y el contexto social, prestigio y la necesidad cada vez mayor de rendimiento laboral en sectores privilegiados: gerentes, empresarios entre otros.

No es un factor decisivo, si la droga está prohibida o si hay un riesgo de detención.

 

Una de las consecuencias de la política sobre las drogas es que a los consumidores no problemáticos que no son, para nada, criminales ni influyen negativamente en la sociedad son empujados a la persecución legal, y por ello mismo a la marginalidad.

 

En Bolivia está permitido tener drogas para un consumo de dos días. Sin embargo, si la policía te encuentra con esa cantidad permitida, debería llevarte a un centro de rehabilitación. Y, aunque en el registro de antecedentes policiales no figura esta medida, la policía sí registra en sus archivos como parte del historial de las personas.

 

Es obvio que todos quieren evitar la retención en un centro de rehabilitación, porque te saca de tu trabajo, de tu familia etc. Además, cualquier persona quiere evitar un interrogatorio en la policía sobre sus costumbres de consumo de droga, cómo pasa su tiempo libre, dónde ha comprado la droga, quién le ha vendido, etc. Hay gran tentación de coimear a los policías. Obvio.

 

Además, esta medida no sirve de nada ya que se ha demostrado, mil y una veces, que no puede lograrse una rehabilitación de un drogadicto si la rehabilitación es forzosa.

Así que la ley intenta hacer algo que es imposible.

 

Obviamente, aparte de los consumidores no problemáticos, hay un porcentaje que sí ha perdido el control sobre la droga, causa problemas a toda la familia y tiene serios problemas psicológicos y de salud. Estas personas sí necesitan ayuda. Pero, como el consumo está criminalizado, estas personas y sus familiares no encuentran la ayuda adecuada. Al buscar ayuda en un centro de salud, corren el riesgo de ser detenidos estigmatizados o forzados a un tratamiento no adecuado. El Estado no les da ninguna ayuda y, en realidad, este grupo de gente no le interesa al Estado.

 

¿Y qué pasa en las cárceles?[3]

El grupo más grande de los que llenan las cárceles son los pequeños traficantes o mulas. Estas personas, igualmente, son criminalizadas con leyes sumamente cuestionables.[4]

 

Además de desproporcionadas, estas leyes son ineficaces. ¿Quién cree que con la detención de estos traficantes – peces chicos – se va a reducir el consumo de drogas? ¿Y quién cree que con la detención de unas mulas se va reducir el flujo de drogas? Es obvio, que estas personas son reemplazadas inmediatamente en el negocio grande del narcotráfico. Que estén en la cárcel es un daño tremendo a esas personas y hay una gran probabilidad de que estas personas salgan de la cárcel estigmatizadas. Su posibilidad de reinserción en la sociedad seguramente empeorará. Hay una gran posibilidad de que estas personas, justamente por su detención, no encuentren su camino y se vuelvan personas criminales.

 

¿Y qué de los grandes narcotraficantes?

La legislación actual no ha logrado detener ni el consumo, ni el tráfico de drogas. Pero sí, por esa legislación, está en peligro la democracia real en muchos países como México y Colombia. Acá en Bolivia no es tan dramático. ¿O nos equivocamos? En realidad no se sabe hasta qué punto el narcotráfico tiene influencias en las decisiones del Estado, sea a nivel del gobierno, sea a nivel del parlamento o a nivel de la justicia.

Pero vale la pena ver qué ha pasado y lo que pasa en México.

 

La guerra contra el narcotráfico ha costado unos 50.000 muertos en los últimos 6 años. Ya esta cifra debería hacer reflexionar a todo el mundo, sobre el sentido de esta guerra. Pero hay algo peor. La sociedad se criminalizó enormemente. Un ejemplo son los Zetas. Esta organización nació el 2003 del narcotráfico. Era el brazo armado del Cártel del Golfo. Se independizaron de este cártel y actúan ahora como criminales comunes, pero con una brutalidad nada común. Los Zetas son ahora un problema mayor para México: siembran muerte y criminalidad y, además, miedo. Nadie se atreve a hablar o escribir contra los Zetas [5].

También, respecto a los grandes narcotraficantes, la política sobre las drogas ha traído muchos más problemas de los que ha resuelto.

 

Resumen del análisis.

 

En resumen, hay que constatar que la política sobre las drogas no solamente ha fracasado sino que ha incrementado los problemas en dimensiones alarmantes. Los cárteles, creados por el narcotráfico existen y, como se ha visto en el caso de los Zetas, se dedican ahora también a otros ‘negocios’.

 

Si recordamos que la política sobre las drogas a nivel mundial debería tener como objetivo una sociedad con menos crimen, mejor salud y más desarrollo económico y social, se nota que nada de eso se ha logrado.

 

Política para Bolivia

 

Tomando en cuenta esta situación, ¿cuál sería una posible política sobre drogas para Bolivia?

 

Objetivos

 

Debería tomar en cuenta varios objetivos:

– Ofrecer ayuda a los drogadictos que la necesiten.

– Generar consciencia sobre los problemas ocasionados por el consumo de drogas.

– Quebrar el poder del narcotráfico.

– Tomar en cuenta que se trata de un asunto de Salud Pública.

– Considerar que la producción incontrolada de drogas contamina el Medio Ambiente

 

Para lograr estos objetivos – al parecer – no hay otra que legalizar las drogas. Se ha probado largo tiempo muchas otras alternativas sin resultados positivos pero con muchos inconvenientes colaterales, tan graves como que el narcotráfico pone en jaque mate al sistema democrático. Que la situación mexicana nos de que pensar.

 

Medidas

 

A continuación exponemos algunas sugerencias de medidas.

Pero, obviamente, esto se debería discutir con especialistas de todos los rubros y la población en general para llegar a algo certero. Acá esbozamos unas líneas generales.

 

– La producción de hoja de coca se haría en forma privada y legal, como hasta ahora. A ello habría que añadir la producción de marihuana.

– El próximo paso sería que el Estado compre las hojas de coca y marihuana a precio de mercado. Los productores deben emitir factura y si no tienen se les descuenta 16% del precio. Eso para que regularicen su situación y tener estadísticas confiables.

 

– El Estado encarga la industrialización de la hoja de coca y marihuana a Empresas sin fines de lucro[6]. Los productos principales que se pueden producir, a partir de esta materia prima son farmacéuticos: analgésicos, por ejemplo. Además, está ampliamente demostrado[7] que la hoja de coca contiene toda una gama de sustancias que se pueden aprovechar en la industria alimentaria y de la marihuana en la industria textil. En Alemania por ejemplo están procesando productos de alta calidad a base de cañamo: aceite, granos, entre otros.

– Sin embargo, al margen de estos productos, hay un producto especial que sale de la hoja de coca, que es la cocaína. Para poner orden, se sugiere establecer un Estanco de la Coca. Es decir, el Estado compra la hoja de coca a precio de mercado a los campesinos. El Estanco de la Coca también puede comprar pasta básica de cocaína a empresas registradas, que cumplan medidas medioambientales y pagan impuestos. Así, se podría formalizar lo actual. La pasta básica, en tránsito, decomisada por la policía boliviana, sería entregada al Estanco de la Coca para su ulterior industrialización.

– La producción de cocaína se haría en un tipo de joint venture, entre el Estado y Empresas sin fines de lucro. La cocaína producida sería vendida al Estado, es decir al Estanco de la Coca.

– El Estado – por medio del Ministerio de Salud- vendería la cocaína a cualquier persona mayor de 18 años, en el ámbito de su municipio. La persona debe mostrar su carnet y será registrada en una base de datos central. Cada persona podrá comprar sólo una cierta cantidad durante un mes, determinada por el Ministerio de Salud. Los puntos de venta se transformarán en centros de información sobre los efectos negativos de la droga y sobre centros de rehabilitación. La venta puede realizarse mediante las farmacias.

– El Estado también podrá exportar cocaína certificada a otros Estados, también vendería la producción farmacéutica, alimentaria, textil, proveniente de la coca y la marihuana.

– Una tarea central para el Estado sería la oferta de centros de rehabilitación y el apoyo a centros de rehabilitación en manos privadas. Estos centros deben emplear todos los métodos que muestran eficiencia. Hasta ahora han mostrado grandes porcentajes de éxito los centros administrados por iglesias evangélicas. En el Oeste de Asia hay también centros Budistas que son especialmente exitosos en la rehabilitación de drogadictos.

En el Perú existe un centro innovador que cura la drogadicción mediante el Ayahuasca [8].

 

– Bolivia debería convertirse en líder para los que buscan liberarse de la drogadicción.

 

 

¿Cuáles serían los efectos que se puede esperar de una ley con estos lineamientos?

 

  1. Lo drogadictos y sus familiares podrían contar con ayuda adecuada, sin que se los criminalice.
  2. Los consumidores no problemáticos no serían criminalizados.
  3. Las cárceles se vaciarían. No habría tantas personas dañadas por la ley 1008.
  4. El consumo de la droga en Bolivia no aumentaría, como muchas experiencias han mostrado en Europa con la legalización del consumo de la droga.
  5. Si el narcotráfico internacional desde Bolivia disminuiría, estaría por verse.
  6. Tendríamos problemas diplomáticos con EE.UU (y quizás problemas con países vecinos). La diplomácia debería dedicarse prioritariamente a este tema.
  7. Si la superficie de coca plantada disminuiría, también estaría por verse.
  8. El Estado incrementaría sus ingresos por la venta de la coca, la marihuana y sus derivados industrializados en vez de que estos recursos enriquezcan al narcotráfico.

 

Miramos punto por punto.

 

Ref. punto 1. Los drogadictos y sus familiares viven ahora un drama. Este drama disminuiría con el hecho de que el consumo de droga ya no es ilegal; ya no deben temer constantemente una represión policial. Pero su situación mejoraría también con la posibilidad de buscar ayuda médica sin temor a la detención. Además sería más fácil encontrar un centro para la rehabilitación.

 

Ref. punto 2. Los consumidores de drogas no problemáticos – que son 90% de los que consumen drogas – no serán criminalizados. Ya no estarán expuestos a chantajes y extorsión por su hábito de consumo.

 

Ref. punto 3. Por lo menos las personas que están encarceladas por tráfico en pequeña cantidad, serían liberados.

 

Ref. punto 4. Hay muchas experiencias en países europeos con la legalización del consumo de drogas. En Portugal se ha legalizado el consumo y, después de 10 años, no ha habido un aumento de drogadictos. La cifra de los muertos por drogas más bien disminuyó. En Los Países Bajos igualmente se ha visto que el consumo no aumentó; más bien han disminuido los consumidores juveniles. Para los servicios de salud ha sido más fácil atender a los drogadictos.

 

Ref. punto 5. Habría venta legal de pequeños cantidades para todas las personas adultas que lo quisieren. Por esta razón, el tráfico de drogas a pequeña escala desaparecería.

El tráfico internacional de drogas, seguiría existiendo. El rol del Estado Plurinacional sería, en primer lugar, la cooperación con las fuerzas policiales de los países extranjeros; ayuda en el control de las fronteras, pero el Estado Plurinacional no tendría por qué reprimir el narcotráfico internacional.

Las acciones de fuerza se limitarían al control de talleres de producción de pasta básica. Si se detecta un taller ilegal, se multa a las personas, se desmantela el taller y se les ofrecería un lugar destinado a esa actividad, dentro de los polígonos industriales. Si se detecta el paso de drogas (normalmente del Perú hacia el Brasil y la Argentina) se decomisa el producto y se lo entrega al Estanco de la Coca.

Al narcotráfico sólo se puede ganar y quitarle su nefasta influencia en la política, en la justicia, en las fuerzas del orden etc., al legalizar las drogas a nivel internacional. La política Boliviana debe apuntar a esto: hacer una gran alianza entre los países que están dispuestos de resolver el problema radicalmente, es decir, desde la raíz.

En la práctica, acá en Bolivia, la labor especial del Estado debe consistir en trabajo de inteligencia y cooperación estrecha con los países de la región.

 

Ref. punto 6. EE.UU. hasta ahora tiene una postura cerrada contra la legalización de las drogas. Pero no así los países latinoamericanos. Todos – en mayor o menor grado – están cuestionando la guerra contra el narcotráfico, que tantos males trae a sus países. Es de esperar, que habrá una gran alianza entre los países latinoamericanos si Bolivia se lanzara a una ley de legalización de las drogas. Además, se ofrecería la colaboración a nivel de la policía. El argumento mayor, para defender la legalización, sería la situación en México y Colombia. Tantos muertos, tanta criminalidad, tanta corrupción, tanto miedo, tanta inseguridad por la ilegalidad de la droga. Esto no es deseable para ningún país y Bolivia puede tomar la delantera en este asunto.

 

Ref. Punto 7. No es previsible, si la superficie de sembradíos de coca y marihuana va a disminuir. Su transformación industrial y su comercialización de Estado a Estado, torna irrelevante este Indicador de la Guerra contra las drogas.

 

Ref. Punto 8. El Estado recibirá impuestos por la venta de la coca y la marihuana y de sus derivados industriales. Estos impuestos serían destinados a dotarnos de una infraestructura institucional sólida, para manejar de mejor manera nuestro sistema de salud pública y medio ambiental; así como disponer de centros de rehabilitación de primer nivel, utilizando tecnología vernácula de punta: desintoxicación en base a dieta y hierbas como la Ayahuasca, de la medicina indígena amazónica. Véase la experiencia de Takiwasi en el Perú.

En resumidas cuentas [9]

La legalización pondría fin a la parte lucrativa del negocio del narcotráfico, al traer a la superficie el sumergido mercado negro existente. Y con la desaparición de la clandestinidad del narcotráfico disminuye la problemática social ligada a dicha actividad.

La legalización reduciría el precio de las drogas, al acabar con los altísimos costos de producción e intermediación que implica la prohibición.

Legalizar las drogas haría que la fabricación de dichas sustancias se encuentre dentro del alcance de las regulaciones propias de un mercado legal. Bajo la prohibición, no existen controles de calidad ni venta de dosis estandarizadas.

El narcotráfico ha extendido sus tentáculos en la vida política de los países. Importantes figuras políticas han sido ligadas con personalidades y dineros relacionados con el tráfico de drogas. La legalización acabaría con esta nefasta alianza del narcotráfico y el poder político.

Legalizar las drogas acabaría con un foco importante de corrupción, que aumenta en todos los niveles del gobierno debido a que una gran cantidad de policías, oficiales de aduana, jueces y toda clase de autoridades han sido comprados, sobornados o extorsionados por narcotraficantes.

Los gobiernos dejarían de malgastar miles de millones de dólares en una “guerra” perdida de antemano.

Con la legalización se acaba el pretexto del Estado de socavar las libertades ciudadanas con el fin de llevar a cabo esta guerra contra las drogas.

En una sociedad en donde las drogas son legales, el número de víctimas inocentes, producto del consumo y la venta de las mismas, se vería reducido drásticamente.

La legalización conducirá a que la sociedad aprenda a convivir con las drogas, tal y como lo ha hecho con otras sustancias como el alcohol y el tabaco.

 

La discusión sobre la legalización de la marihuana y de la cocaína va ser difícil. Es obvio que los que van estar en contra son los que ganan con la situación actual: Los narcotraficantes, algunos jueces, algunos policías, algunos militares, alunas autoridades:

 

También van estar en contra, las personas piensanque con la legalisación de drogas se va aumentar el consumo.

 

Lo difícil de la discusión va ser lo siguiente:

 

Si un policía dice que está en contra de la legalización, no se sabe que esta opinión está basado en su preocupación por sus hijos o por se deseo de recibir también en el futuro algunas caiditas.

 

Por esa razón la discusión va estar muy controvertida.

 

 

EPILOGO

El 6 de noviembre de 2012 en E.UU. dos estados – Washinton y Colorado- han votado para la legalización de la marihuna. Este hecho va impulsar la discusión sobre la legalización a todo nivel. En prime lugar muestra que mucha gente coincide con la argumentación de este librito. Piensa – como nosotros- que la politica de dogras, que se basa en la prohibición y en la represion, ha fracasado, y que hay qu buscar otras soluciones.

Los gobiernos no pueden ignorar esta posición.

Pero en segundo lugr la posicion dura e infexible de EE.UU. ha perdido credibilidad. ¡Con que moral van a pedir a los paises latinoamericanos prohibir la droga, si en dos de sus territorios es legal el uso!

¡Se pone interesante el asunto!

 



[1] La Comisión Global de Políticas de Drogas, esta formada por expresidentes y al menos un mandatario activo, así como grandes personalidades mundiales. Tiene el propósito de “llevar al nivel internacional una discusión científicamente fundada acerca de las maneras humanas y efectivas de reducir el daño causado por las drogas a las personas y a las sociedades”. Sus metas son:

– Revisar los supuestos básicos, efectividad y consecuencias del enfoque de la “guerra a las drogas”.

– Evaluar los riesgos y los beneficios de diferentes respuestas nacionales al problema de las drogas.

– Desarrollar recomendaciones practicables para una reforma constructiva de la legislación y las políticas.

[2] Cf. Antonio Escotado, Historia de las drogas, 3 tomos. Madrid: Alianza Editorial,1989

[3] Ejemplo 1. Tiene alguna lógica o alguna coherencia de penalizar a una persona con ocho a doce años – sin posibilidad de indulto – para llevar cuatro gramos de cocaína a un consumidor no problemático?

Ejemplo 2. Si un grupo de jóvenes, bajo influencia de alcohol, viola a una muchacha, la gente dice, eso pasa si uno está borracho. Pero si estos jóvenes estaban bajo influencia de una droga ilegal, entonces la gente grita y pide la pena de muerte.

 

[4] Este análisis contiene datos que ha aportado el CGPD. El CGPD es un gremio de personalidades encargado por la ONU para evaluar la guerra contra la droga. Está compuesto de un ex-presidente de Brasil y dos ex-presidentes de Colombia, además de un ministro del exterior de EE.UU.

 

[5] Cf. Le Monde Diplomatique, edición suiza, Julio 2012, páginas 8 y 9.

[6] Entendemos por Empresa sin Fines de Lucro a una nueva forma empresarial que combina la eficiencia del modelo empresarial capitalista: alta rentabilidad, pero no para el lucro, sino su redistribución, según el modelo del ayni, primero en la empresa misma y, luego, políticas sociales

[7] Seki/Nishi, Coca: Un biobanco, Investigación científica sobre alimentación, curación y regeneración. En este libro también se describe el efecto de la hoja de coca para prevenir el cáncer.

 

[8] Cf. Takiwasi.com

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